Miedo al éxito

Qué tal,

"He fallado más de 9.000 tiros en mi trayectoria profesional. He perdido casi 300 partidos. En 26 de las ocasiones en que me han confiado el tiro decisivo del partido, lo he fallado. He fracasado una y otra vez en mi vida. Y por eso soy un triunfador.”



Las palabras las pronuncia el mítico jugador de baloncesto Michael Jordan en un fantástico anuncio de Nike. Puede que esa sea precisamente una de las grandes diferencias entre el carácter estadounidense y el europeo: los americanos parecen no tenerle miedo al fracaso, nosotros sentimos pavor. Son innumerables los ejemplos de conocidos empresarios estadounidenses que se han arruinado y han vuelto a rehacer sus fortunas con solidez. Fracasar ayuda a mejorar. Y a juzgar por lo que se nos viene encima, y por esa regla de tres, en los próximos años vamos a mejorar a marchas forzadas.

No sé cómo están los ánimos en USA en estos momentos, pero por lo que veo a diario nuestro país vive aterrorizado, y se halla inmerso en la más absoluta parálisis. ¿Hay motivos para tener miedo? Por supuesto. La situación no es mala, es dramática. Muchos en el sector financiero, por poner un ejemplo próximo, parecen pensar que poca cosa se puede hacer al respecto. Su reacción es apoltronarse en la silla compadeciéndose de sí mismos. Evitan levantar el teléfono, no se vayan a dar de bruces con un cliente preocupado, unos mercados a punto de hundirse o una catastrófica salida del euro. Conozco a más de uno en mi sector que se está aferrando a la silla, sabedor de que tiene los días contados en su entidad, confiando en que le indemnicen con cuatro chavos. La situación se arreglará por sí sola, parecen pedirle a Lourdes. Pero se equivocan. La parálisis es nuestra peor enemiga. Ahora más que nunca es tiempo de oportunidades. Es momento para llamar a los clientes y cuidarlos, es la ocasión perfecta para atraer nuevos clientes (por lo general maltratados por la inmensa mayoría de entidades), es tiempo de buscar oportunidades en el mercado y de gestionar con tanto esmero como sea posible. El coste de oportunidad es ínfimo. Pero también es tiempo, como decía el profesor Alfredo Pastor, de hacer las cosas bien, hacerlas bien a la primera, y entregarlas a tiempo, condiciones indispensables para atraer y fidelizar a esos nuevos clientes. Con esto no solo nos ayudaremos a nosotros mismos, sino que también ayudaremos al país en general.

También es cierto que este país solo va a levantar el vuelo si aumentamos la competitividad, la productividad y la inversión. Solo lo vamos a levantar animando a la gente a emprender: únicamente lo vamos a conseguir si le perdemos el respeto al fracaso y nos aplicamos en lo nuestro, como el crac del baloncesto americano. (¿En qué emprendemos cuando los analistas más solventes apuntan a que la salida de la crisis pasa por un empobrecimiento masivo durante los próximos años? Pues igual hay que invertir en negocios y servicios para pobres.)

De acuerdo, ya hemos interiorizado que hay que trabajar con más ahínco, con más esmero y con puntualidad. Hemos interiorizado que hay que arriesgar y emprender. No es imprescindible inventar nada nuevo: con hacer lo mismo de siempre pero mejor ya es suficiente. ¿Qué hacemos ahora? Nos acercamos al Banco para que nos ayuden a financiar nuestro sueño. ¿Qué obtenemos por respuesta? Nuestra entidad, apreciado cliente, sí concede créditos. El apreciado cliente respira aliviado. Condiciones de un crédito hipotecario (que han ofrecido a un servidor esta misma semana): euríbor +4,5% (omito el resto de condiciones porque ¿pa’ qué?). Es decir, un diferencial (comisión que se lleva la entidad durante toda la vida del crédito) diez veces superior al de hace dos o tres años. Esta es la misma gente que después nos apremia a abordar la reforma laboral.

La situación es insostenible. Esperemos que las medidas anunciadas por Luis de Guindos, ministro de Economía, respecto a la cartera inmobiliaria de los bancos surtan efecto. De lo contrario, ya puestos a volcar cantidades ingentes de fondos públicos sobre el sector financiero, igual no sería mala idea hacer lo que sugiere un amigo de Esade: nacionalizar la banca (y si además lo hacemos al grito venezolano de ¡Exprópiese!, seguro que muchos no cabrán en sí de júbilo).

Feliz mes de febrero,

Óscar Ramírez


Share this:

3 comentaris :

  1. Excelente artículo, conciso y concreto, enhorabuena!
    Gracias por el ejemplo de las condiciones actuales que imponen los bancos..¿será que son ellos y solo ellos los que han vivido por encima de sus posibilidades?

    ResponElimina
  2. Molt bó, tota la raó. Em quedo amb aquest resum motivador:

    "La parálisis es nuestra peor enemiga."

    "Ahora más que nunca es tiempo de oportunidades... es tiempo, como decía el profesor Alfredo Pastor, de hacer las cosas bien"

    ResponElimina

 
Copyright © Revista CriTeri. Designed by OddThemes