LIES (Capítulo IX: El reencuentro)




  •               Joey, ¿¡que estás haciendo aquí!? Tú vives a quince manzanas de este club,  vamos … ¡NO ME JODAS!



  •             Sue, tranquila … solo había venido a recordar viejos tiempos, nada más. No esperaba encontrarte … no te gustaba demasiado salir, si no recuerdo mal.

  •             ¿Y no hay bares dónde vives ahora o es que hoy es día de fiesta en el barrio  y  están cerrados?

  •             ¿Un ron con cola?

  •             No, gracias. Ya he tomado uno y ahora me iba.

  •           Puedo acompañarte si lo deseas…a estas horas no es muy recomendable ir sola por estas calles.

  •           No, no lo deseo. De hecho, lo detesto. Joey déjame, no sé por que has aparecido de nuevo en mi vida pero no me gusta.

  •           Sue … Megan me ha dejado.

  •           ¡Acabáramos! ¿En serio? (risita malvada contenida) No sabia que rezar surgiera efecto.

  •            Entiendo tu chanza … no te la reprocho pero no pienses tampoco que estoy aquí por ti.

  •          (cara de circunstancia…ceja arqueada hacia arriba y expresión de  … “¿perdona?”)

  •           En serio que me ha venido a la mente los años en este barrio y no tenia ningún plan mejor…o sea que , lejos de molestarte, he venido a distraerme, esto es todo.


No quería que me diera pena, me resistía a que me diese pena…pero lo consiguió, el muy cabrón consiguió de nuevo que sintiese lástima por él … en el fondo, era un pobre diablo de cuarenta y seis años que su época de pavonear había caducado antes que él se diese cuenta. 


  •         Está bien … si quieres acompañarme te pido dos cosas: mantente a un metro de mí y la segunda, nuestra conversación versará sobre el compañero de trabajo ese que me dijiste. Nada más.

  •         Acepto con todas las de la ley.


Joey pudo recoger su chaqueta, yo la mía no, a pesar de que intenté describirle a la chica como era … pero dudo que más allá de negro i simple, entendiese nada, volvería a la mañana siguiente cuando el turno de limpieza estarían dentro, seguramente me atenderán mejor que la Barbie Malibú de la entrada. Joey me prestó su chaqueta durante todo el camino, me repateaba tener que ponérmela pero hacia mucho frío y mi prenda de gala era un tanto fresca.
Estuvimos hablando durante todo el camino. Respetó la distancia.

El compañero de Joey se llamaba Steve, tenía treinta y cinco años y estaba casado, tenía dos niños gemelos.
Steve estaba deprimido desde que su mujer le había sido infiel con un chico más joven que él y lo había descubierto como en las películas, su mujer le mandó hacer una lavadora i vaciando bolsillos encontró un tiquete de compra de una farmacia de la otra punta de la ciudad, cuando se lo preguntó, ella no pudo mentirle y le confesó el desliz. Le pidió perdón hecha un mar de lágrimas y solo le faltó arrodillarse … se la veía arrepentida y Steve decidió perdonarla por que la quería y por que había dos niños de por medio, pero ahora mismo era incapaz de confiar en ella, cada vez que salía de casa pensaba en que a lo mejor, había quedado con él. Ella le repetía insaciablemente que no, que estuviese tranquilo que eso era una vez y no más. Vamos, la historia de siempre y la más utilizada en las películas, que poca imaginación tenia la gente.
Joey le habló de su exmujer y su trabajo como psicóloga…lo que no le comentó es que ella – yo - había pasado por una experiencia similar a la de Steve gracias a la indudable ayuda de su amigo Joey – él - .


  •         ¡Que venga! … veremos que puedo hacer. Si consigo que coja más confianza en el mismo y hacer una redefinición positiva de sus pensamientos, va a mejorar.

  •         De acuerdo Sue, le daré tu teléfono. Gracias, de verdad.


Le devolví la chaqueta y abrí el portal.  
  •         Te invitaría a subir, pero entonces me estaría saltando la primera norma que he puesto yo misma esta noche … ya sabes que el ascensor es muy pequeño.
  •         No te preocupes Sue, yo estoy cansado también y ahora cogeré un taxi.          Buenas noches.

  •         Buenas noches Joey.


Cerré la puerta y le miré, de espaldas, con la chaqueta al hombro y mirando a los lados en busca de un taxi, me produjo un sentimiento incómodo … me quité los zapatos y subí por las escaleras corriendo, no podía estar esperando el ascensor y mirando a Joey durante más tiempo.

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