El Francotirador. Clint Eastwood, USA, 2014.

The Legend, el asesino de mujeres y niños

Cualquier día nuestros hijos jugarán con pistolas de verdad y no nos enteraremos; no estamos muy lejos. Y todo derivado por la fortísima influencia de esa nación que adora y ampara la idea de la legítima defensa, aunque hay una suerte de ambigüedad social que rechaza los mismos impulsos. Los Estados Unidos de América del Norte (USA) es una novísima nación que aún tiene en sus entrañas las violentas vivencias que generaron su nacimiento, y que como en todos los casos, tienen un halo de heroicidades míticas, sucesos extraordinarios, personajes de leyenda, que el cine ha glorificado por siempre. En el siglo XXI, el cine sigue glorificando a estos individuos protagonistas de acciones bélicas contemporáneas; este es el caso de Chris Kyle retratado por el maestro Eastwood. Y no es que esta película incite al armamentismo, está muy lejos de proponerlo, sino simplemente retrata ese espíritu norteamericano que ensalza ciertos valores inquietantes. Naturalmente este filme no predispone ni condena como lo hacen de forma evidente Bowling for Columbine (Michael Moore, 2002) y Elephant (Gus Van Sant, 2003), pero está, como muchas otras, presentando una familiaridad con las armas, que es aún más terrible porque pasa casi desapercibida ante nuestros ojos.

Creo que no se le ha prestado la suficiente atención a este filme, porque es muy fácil caer en una primera y sesgada lectura. A mi modesto entender estamos ante uno de los mejores filmes de Eastwood por su certero e implacable retrato de la sociedad Norteamericana; son así, les gustan las armas y la posibilidad de hacer “justicia” con ellas en todos los ámbitos. Ojo, del mismo modo hay grandes detractores de las mismas; prueba de ello son las pintadas que aparecieron en las vallas publicitarias del filme, en Los Ángeles, con la palabra ASESINO, sobre el rostro del actor Bradley Cooper, que encarna al protagonista. Y es que, la guerra dialéctica en esta compleja nación, que tanto influye en el resto del planeta, sigue por siempre: de un lado el discurso abiertamente a favor de estas figuras como el de Sarah Palin y otros, o los que tildan de cobardes asesinos a estos supuestos héroes, el evidente caso de Michael Moore. Lo fácil es leer la película de Eastwood como lo han hecho ambos, en claros polos opuestos. Pero y si Eastwood, a pesar de sentarse con la mujer de Kyle en las presentaciones del filme y otros actos, ha tratado de estar justo ahí, en el filo de la navaja de la realidad en una simple y difícil postura sobre la verdadera cara de la realidad.

Lo más fácil de este filme consiste en legitimar la invasión de Irak; por ello las escenas en las que Kyle abate a una madre y su hijo, o el eco de ésta, cuando está a punto de ejecutar a un niño que recoge un bazoca y está a punto de disparar, o la triunfal ejecución de su mayor enemigo, otro francotirador que está realizando su mismo trabajo. Es más, jamás se menciona la verdad del conflicto, y todo se justifica desde la perspectiva del 11 S; la venganza como único argumento. En estos heroicos episodios se lee igualmente el reverso de esta historia bélica; la justificada  defensa a ultranza por parte de madres, niños, artesanos y granjeros iraquíes, de su hogar masacrado por el invasor. Pero claro, éste es un filme norteamericano que habla de sus héroes; igual que los westerns.

Como ha manifestado Eastwood, él ha sido el primero en realizar un retrato de los familiares de los militares que han acudido a las invasiones de Irak y Afganistán. Y creo que ahí se centran las claves de este filme; en las escenas que muestran las consecuencias de la ausencia del Padre, en las caídas de los hijos y sus entierros, en los divertidos juegos con las armas en los hogares norteamericanos, en la buscada parodia de Kyle sosteniendo un muñeco de plástico en vez de un bebe de verdad, la didáctica escena del padre de Kyle transmitiendo a sus hijos en cómo se divide la sociedad, la penúltima escena del filme en la que la esposa de Kyle ve como su esposo se reúne con Eddie Ray Routh (otro veterano de guerra, que termina siendo su verdugo) y finalmente las imágenes documentales de las calles de Arlington con multitudes, a pesar de la lluvia, recibiendo el cortejo fúnebre de Chris Kyle. Y de entre todas ellas, hay una escena que me parece el resumen de las dos facetas del filme; el funeral de su amigo caído en acto de servicio.

Como muy bien se sabe, el filme se centra en la autobiografía de este SEAL, apodado por sus compañeros como  “The Legend”, famoso por tener el record de abatimientos del enemigo en sus cuatro incursiones en Irak, nada menos que 255 víctimas; a pesar suyo solo reconocidas 160, hay que tener testigos para que las certifique el Pentágono. Por ello en las imágenes finales de su funeral en el Cowboys Stadium de Arlington (Texas), su féretro solo tiene esas 160 insignias correspondientes a las victimas reconocidas; un gran honor por siempre llevarte a tu tumba el simbólico premio. Todo el filme es un ir y venir de las cuatro incursiones en Irak y su vuelta al “hogar”. Aquí es donde Eastwood nos ofrece lo mejor del filme: su lamentable relación conyugal, su absurda adaptación social, las increíbles y jugosas sesiones con el psicólogo; todo en aras de demostrar que la guerra realiza en el individuo un seguro síndrome de estrés postraumático. Bien, durante el conflicto, él se supone que abate enemigos para que sus compatriotas puedan avanzar en sus conquistas, en una dificilísima guerra, casa por casa en varios emplazamientos enemigos; ejerce de perro pastor del rebaño. A pesar de su protección, muchos de sus compañeros caen, e Eastwood, destaca la caída de uno de sus oficiales, hasta tal punto que le dedica una escena prodigiosa, de la que nadie habla, y que creo que guarda la esencia del filme; el funeral de este compañero de alto rango. En ella se nos ofrecen como siempre los mismos rituales de este tipo de entierros: las salvas de honor, el toque de trompeta en honor del caído, las condecoraciones póstumas, una suerte de orden en la predisposición de los asistentes en torno al féretro, familiares, jerarquías militares, etc. Pero sucede que si observamos despacio esta escena, toma un valor muy distinto al tradicional, “rindamos honores al héroe caído”.  Solo dos detalles, el discurso leído de la madre, no entendiendo nada del conflicto por el cual su hijo ha dado la vida; aborrece a los militares y su misión. Y para rematar el discurso esa dichosa ceremonia que siempre se repite una y otra vez, y que aquí resuena de otro modo: la estupidez de que un miembro del escuadrón de honores, retire la bandera que ha dado calor y color al féretro; se dobla de una manera ceremonial y se ofrece para un mayor dolor a la desconsolada viuda; MALDITAS BANDERAS.

¿No parece una vez revisada, que esta escena no quiere decir lo de siempre? Eastwood no creo que sea belicista ni antibelicista; es más bien retratista, y como en filmes como Mystic River(2003) o Gran Torino(2008), nos vuelve a ofrecer un hermosísimo, veraz, dramático y complejo retrato de la sociedad norteamericana contemporánea, con sus virtudes, que las hay, y con sus abrumadoras oscuridades.

FICHA TÉCNICA: Título original: American Sniper. Nacionalidad: EE.UU., 2014. Dirección: Clint Eastwood. Guión: Jason Hall. Fotografía: Tom Stern. Montaje: Joel Cox y Gary Roach. Intérpretes: Bradley Cooper, Sienna Miller, Luke Grimes, Jake McDorman. Producción: Warner Bros, Village Roadshow. Duración: 132’.


JOSÉ ANTONIO SIGÜENZA SARABIA.  

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