Rob iba deprisa,
cada vez más, Sue tenia miedo, las motos siempre habían resultado un tanto
temibles para ella, pero Rob parecía seguro, no decía nada, solo conducía…y
pensaba… pensaba en lo que Sue le había dicho, no sabia como se había enterado
de todo pero le daba igual, lo importante es que él había vuelto a fallar a
alguien a quien le importaba, y ya no le daba igual, esta vez no.
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LIES (Capítulo XV: Explicaciones)
Sue
llegó a las nueve de la noche a su apartamento, exhausta del día pero
sobretodo, de lo que le parecía haber descubierto, esto era lo que más la
asustaba y la desconcertaba, a la final no sabia con quien se estaba
relacionando.
Cogió
el teléfono y busco el contacto de Rob, apretó la tecla verde y esperó:
LIES (Capítulo XIV: Al descubierto)
Steve había pedido
a Sue poderse ver un jueves por la tarde ya que libraba de su trabajo. Sue tenía
huecos libres al cabo de dos semanas y le reservó la hora.
El chico llegó puntual, cuando Sue le abrió la
puerta tuvo la sensación de que ya le conocía, pero los deja vú eran algo habitual y los parecidos entre la gente, también.
LIES (Capítulo XIII: La carrera)
Sue salió a correr
un rato, se puso unas mallas negras que había comprado hacía dos semanas en
unos grandes almacenes que le encantaban, un top ajustado color fucsia y unas deportivas amarillo chillón. No podían
faltar los cascos conectados a la radio de su iphone. Puso el pulsímetro en
marcha y empezó.
LIES (Capítulo XII: Sue)
Durante los días
siguientes, Sue volvió a esquivar las llamadas de Rob, no podían permitirse más
juegos de teenagers, no tenia ni las
ganas ni la fuerza, pero sí que tenia una cosa, unas ganas terribles de volver
a verle. A pesar de esto, sabia perfectamente que no sabia nada de él…las
visitas a consulta había virado hacia otro sentido, y lo poco que sabia se lo había
contado el, así que tenia que fiarse de esto y de su instinto…era "gata vieja" y
de instinto sabia un rato.
LIES (Capítulo XI: El reencuentro II)
Sue estaba en su
consulta acabando de atender a su último paciente, un señor de cuarenta y ocho
años que decía haber viajado por todo el mundo acompañado de tres monos
llamados Lui, Lisa y Tobias. Su delirio era tal, que Sue se planteaba
seriamente derivarle en un ingreso urgente, no lo hacia por que el señor estaba
solo y no parecía sufrir con sus fantasías. Así que, le continuaba tratando de
su ansiedad de separación una vez ya había terminado de viajar con ellos. A
pesar de eso, había preparado un informe de derivación a psiquiatría.
LIES (Capitulo X: Rob)
Rob estaba apoyado en la esquina de Carlton
Boulevard con Crown Avenue, eran las cuatro de la tarde de un día gris, y como
cada semana, esperaba al chico pelirrojo de ojos azules y pecoso, que había
conocido por casualidad una noche de esas que preferirías no haber salido de
casa.
LIES (Capítulo IX: El reencuentro)
- Joey, ¿¡que estás haciendo aquí!? Tú vives a quince manzanas de este club, vamos … ¡NO ME JODAS!
LIES (Capitulo VIII: La salida)
Salí a la calle. El frío se apoderó pronto de mí, salía
humo por mi boca a pesar de que hacia nueve años que había dejado de fumar…a lo
mejor tendría que volver a coger un pitillo, al fin y al cabo era mejor que
atiborrarse a ansiolíticos.
Tenia ganas de salir y bailar, puesto que mis amigas
estaban la mayoría casadas y tenían hijos que les ocupaban la mayor parte del día
y de la noche.
LIES (Capítulo VII: Llamada en rojo)
- Sue por favor,
llámame cuando oigas el mensaje.
El piloto rojo de mi horrible móvil me indicaba que
estaba pendiente la llamada que la noche anterior no había contestado. Era
último viernes de mes y las nueve de la noche…a esa hora poco me importaban las
llamadas de números no grabados en mi agenda, pero ese número no era desconocido
y me acercaba de nuevo a la voz de Joey. Esta me sonaba igual de pesada que
poco antes de separarme de él. Ni una palabra más para descubrir que quería de mí.
Decidí llamarle, en mi casa me habían enseñado que las cosas que te molestan te
las tienes que quitar de encima lo más rápido posible, y esa llamada era una de
ellas.
Lies (Capítulo VI. Otro martes y otros más)
Llegó otro martes, otro largo y lluvioso martes. Me
disgusta la lluvia…de hecho lo que más odio de ir con paraguas es mojarme la
bajera del pantalón.
Lies (Capítulo V. La confidente)
Me desperté al día siguiente i Rob se había marchado. No
me había despertado para despedirse, tampoco me había dejado ninguna nota de
dónde le podía encontrarlo, solo un recuerdo suyo…una colilla de Chester
apagada en el cenicero de la mesilla de noche.
Me levanté aun aturdida por lo ocurrido…¿cómo había permitido aquel desliz? Había
sucumbido a mi parte irracional y eso tendría consecuencias, estaba segura de
ello, la primera era que acababa de perder a un paciente.
Lies (Capítulo IV. Contra ética)
Seguimos en el
bar un buen rato, sin cruzar una palabra. Yo me había terminado hacía ya rato
mi cubata de ron con cola, y él iba por el quinto whisky. A pesar de que su
cuerpo no tambaleaba, su mirada se aparecía perdida…giró la cabeza hacia a mi.
-
Vienes?
-
Dónde? – pregunté con lo ojos como platos
-
A mi casa.
Lies (Capítulo III. Primer martes)
Rob llegó media hora tarde a la cita de la semana. Su aspecto era un tanto descuidado y parecía
que su ropa estaba más que usada…
- ¿Que ha pasado Rob?
Se mostraba nervioso y huidizo, se sentó sin quitarse la chaqueta.
- ¿Podemos empezar?
- Sí...claro.... Contesté titubeante. Pero antes explícame el motivo de tu tardanza, hay pacientes
después de ti que tendrán que esperar. ¿No querías venir?
Una noche como todas
Llegué a casa pasadas las diez.
Mi nevera estaba tiritando, un tomate rosa y medio aguacate demasiado maduro
me miraban con cara de pocos amigos, a ellos tampoco les apetecía ser mi cena.
Lies
1. Uno más.
Los inviernos en Staten Island acostumbran a ser fríos a pesar de que la imagen más común de una isla es la de sol y arena…pero las cosas en Nueva York nunca son como uno se lo espera.
Cuando Rob entró en la consulta, una mañana de enero, el aire se percibía frío al entrar por la puerta. Era un día que rozábamos los 15 grados bajo cero, lo recuerdo por que al pisar las calle tuve que volver a casa y coger un foulard para no quedarme sin garganta. Él llegaba con un gorro de lana gris que dejaba entrever mechones de pelo oscuro, sus ojos, no muy grandes, eran negros y profundos. No era muy alto ni muy fuerte, pero se le veía de buena raza.
Se quitó el gorro e hizo un ademán de saludo. El pelo alborotado le caía encima de la frente.
- Hola Rob – le tendí la mano y me la estrechó – mucho gusto en conocerle, tome asiento.
Se limitó a no contestar…
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